La curvatura de la córnea

26 junio 2017

Familyfobia, el debut de la compañía Cogido con imperdibles






La compañía de teatro “Cogido con imperdibles” se bautizó en los escenarios el pasado 24 de junio, día de San Juan, en el Centro Cívico Estación Norte de Zaragoza. Una nueva agrupación formada por las actrices Nerea Bueno, Susana Mazo, Inma Molina, Olga Oliva y Laura de la Riva que decidieron dar un paso adelante y, tras fichar a Javier Ercilla como director (Los Mancusos, Escuela de humor suicida, Micro teatro en casa, Micro Show) construir la función Familyfobia.
La familia es un entorno que todos hemos observado de puertas para adentro pero también de puertas hacia fuera. Todos nosotros, como los etnoarqueólogos, esos científicos que observan las sociedades vivas para interpretar el pasado, hemos hecho un trabajo de campo tanto en nuestro entorno como en la televisión, ese mundo que nos llega a través de unas antenas y que influye en nuestra vida familiar gracias a conceptos que hemos visto y asimilado en “La casa de la pradera”, “Médico de familia” o la incombustible saga de los Alcántara en “Cuéntame”. Estoy seguro que cada uno de ustedes puede añadir un montón de títulos a esta triada.
La estructura caleidoscópica de la obra partió de unas determinadas situaciones familiares que la compañía trabajó en forma de improvisación hasta destilar los textos que conformar un “mosaico de escenas en torno a las relaciones familiares”. Unas escenas que, si a primera vista parecen restringidas porque el elenco está conformado por cinco mujeres y parece dejar fuera de plano el elemento masculino, lo que pudiera ser una rémora se convierte en una de las virtudes de la obra porque, más allá de las referencias que se hacen hacia hombres que no vemos, Familyfobia termina por mostrarnos construcciones familiares que van mucho más allá de lo que se entiende por una familia tradicional, y de esta manera hacer un ejercicio para construir lo femenino con un amplio muestrario de personalidades donde vemos heroínas, desorientadas y villanas, y de eso se trata, de abarcar lo complejo de la personalidad humana con independencia del género. Es la manera práctica de poner sobre el escenario la esencia del pensamiento de Simon de Beauvoir cuando en 1949 nos invitó a abordar la identidad de las mujeres abandonando el producto cultural que la sitúa en el entorno de la coquetería cariñosa, sumisa y un poco tonta. Familyfobia es un intento por redefinir el rol de madre, esposa, hija o hermana, una reconquista de la identidad femenina que se sustenta desde el criterio propio de la mujer para situarlo al calor de una de las más contundentes afirmaciones de Beauvoir “No se nace mujer, se llega a serlo. Ningún destino biológico, psíquico, económico, define la imagen que reviste en el seno de la sociedad la hembra humana; el conjunto de la civilización elabora este producto intermedio entre el macho y el castrado que se suele calificar de femenino. Sólo la mediación ajena puede convertir un individuo en alteridad /…/ El resultado es que la mujer se conoce y se elige, no en la medida en que existe para sí, sino tal y como la define el hombre" Una alteridad que tradicionalmente ha sido determinada por un patriarcado que ignoraba el universo femenino o lo moldeaba a su antojo. Familyfobia desbanca esa mirada antigua con una muestra de mujeres donde unas deciden cómo ser mujer, pero también vemos mujeres que todavía arrastran el estereotipo construido históricamente, enfrentarse a esas dos realidades es toda una experiencia para comprender la complejidad social que nos rodea.
Familyfobia se construye con escenas independientes y su mejor virtud es el equilibrio entre el humor y el drama. Ese balance, más allá de unos textos que beben de la realidad, se sustenta sobre el trabajo actoral que dibuja con claridad a los personajes desde la contención en el gesto y una excelente verbalización de quien sabe poner el tono y el ritmo adecuado a cada frase. En el aspecto espacial se percibe cierta pasividad, tal vez sería interesante que los enfrentamientos, los desplantes o el cambio de información fuese más dinámico en lo corporal, un buen ejemplo es cuando el duelo entre la villana (Olga Oliva) y su hija (Laura de la Riva) pasa del estado bidimensional a un proyección tridimensional que se construye uniendo el odio de la hija situado en un primer plano y la madre plantada al fondo.
Aunque las escenas son independientes se aprecia una cierta intención de unidad tanto en la interesante utilización del audiovisual como apoyo para integrar de inmediato al espectador en cada escena, como en algunas transiciones. Resulta deliciosamente teatral contemplar la penumbra que transforma unos personajes en otros, y es precisamente en esas transiciones donde esta obra debería creer. Momentos como el sencillo gesto de una mujer (Inma Molina) que para cambiar de personaje tan solo tiene que quitarse la goma que ajusta la coleta de sus cabellos, esa es una pista para potenciar esos momentos, por eso me atrevo a sugerir a la compañía que profundice en esos tramos de transición para que se conviertan en coreografía, en el oxígeno que permita al espectador interiorizar el cambio de escena, un remanso que le ayude asimilar lo visto y prepararse para la próxima descarga emocional, una pausa que en lugar de separar seguramente ayude a unir unas escenas con otras y que permitiría rematar la obra de manera circular, porque a mí me hubiera gustado que la escena familiar en automóvil se hubiese transformado en las primeras cinco madres para que sus aplausos se fundieran con los aplausos del público.
Familyfobia es un interesante trabajo teatral que guarda en sus entrañas la posibilidad de crecer todavía más y demuestra de nuevo que el escenario, como territorio para las emociones, puede estar habitado por profesionales o amateurs porque lo realmente importante es que desde ese espacio de creación se consiga que el espectador muestre la sonrisa abierta, el silencio reflexivo o el aplauso cómplice, tres objetivos que la compañía “Cogido con imperdibles” obtiene buceando en una temática que, como reza el programa de mano “ es fuente inagotable de alegrías y conflictos”

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23 junio 2017

Vida doméstica de Carmen Ruiz Fleta


El último poemario de Carmen Ruíz Fleta llegó a mis manos en el día de libro, un momentito después de enterarme que los “millennial” etiquetaban como “Nesting” a lo que de toda la vida se ha llamado quedarse en casa. Entonces recordé las charlas en la barra de El Gran Caruso cuando mi novia describía el gozo de las tardes de los sábados de invierno cuando se olvidada del ajetreo del trabajo y, entre patrones de confección, discos de Aute y el calor de la estufa de carbón, dejaba pasar el tiempo. Así que la lectura de “Vida Doméstica” estuvo influida por las supuestas nuevas costumbres que se definen en las páginas de los dominicales y ese regusto en la memoria sin embargo, conforme avanzaba en la lectura encontré muchos rasgos de mi vida y por lo tanto de la tuya. El libro de Ruíz Fleta, como los relatos clásicos, se divide en tres espacios: Dentro, fuera y en el umbral. Son tres nombres que nos invitan a sumergirnos en el ámbito doméstico pero no se descuiden, este poemario no se queda en la paredes del hogar, sus versos nos muestras caras de hoy, recuerdos de ayer y, en fin, las luces de ese camino por andar. Dentro, fuera y en el umbral. Para las puertas adentro la hija que crece y el abuelo que mengua o eso que ya sabemos de la rueda de la vida. La vida como un preámbulo de interiores que eclosiona cuando el inquilino ya está aquí: Hijo y madre. Orgullo de madre y el peligro de sentirse propietaria y ella, la voz poética, huye de ese miedo porque no quiere poseer, se conforma con nombrar como el mejor intento de amar pero… ¿cómo se mide el amor? Tal vez en los libros que has dejado de leer, en los bailes inventados o en la intensidad de un aleteo que agita el estómago cuando su risa estalla y la memoria regresa en vacaciones desteñidas. La nueva vida que llena la casa también descansa y ella aprovecha para mirarse las mentiras y desear que el amor incondicional recién descubierto nunca se borre, porque en esa relación, más allá de los lazos etéreos y carnales, se sustenta la sabiduría de quien, de repente, encaja las piezas que dan sentido al mundo y la vida: Dejar sobre la mesa un pasado de ignorancias, orgullo y ambición, es una sensación que permanece durante el tiempo que su respiración pausada se adueña del cuarto a través de una puerta abierta hasta el sofrito de arroz. El aroma es un disparadero que lo mismo la lleva al hogar adolescente que al desgarro dominical de vómitos y resacas. Un hogar que ahora tiene aroma a café, tambor de lavadora y la basura que empieza a oler, y donde las caricias se han extraviado entre el teclado y un mundo en dos dimensiones. Es ahí, en ese nuevo mundo tan alejado de las ensoñaciones infantiles donde va a crecer esa nueva criatura que alumbra su entorno mientras pide palabras y cuentos. Para el abuelo ya no hay cuentos, tan solo pastillas a elegir entre el llanto y la lágrima de un tiempo que pasa a golpe de verso. Para las puertas afuera, que unos llaman patria y otros frontera, ella adivina la infancia evaporada en un pasillo de espejos en el que amar tan solo es un pensamiento: No te mires porque solo querrás huir de la náusea de verte necio y derrotado hasta que aparece él: Guinda exige la utilidad de la poesía convertida en pan, neurona o calor frente al vestido apolillado de la verdad ¿Recuerdas el momento exacto en el que el silencio fue sustituido por la televisión o el teléfono móvil? Porque fue entonces cuando la poesía abandonó tu vida aunque mantengas la ilusión de ser otro, ser víctima para mirar los monstruos que, no lo olvides, habitan en ti, como un barrio viejo donde se madruga al olor del pan condenado a un interior sin vistas. Consuélate y que pasen todas las mentiras piadosas del hasta aquí hemos llegado: Silencio. Para llegar al umbral salgo de mí y mecagoentóloquesemenea, cansado de saltar a la comba. Estoy de acuerdo con ella: Moriré lamentándome por lo no vivido.

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13 junio 2017

Dos caminan

Dos caminan es un poema de Pablo Nogueras Millán

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28 mayo 2017

El Comediante o tener un gran día





Todavía recuerdo la irrupción de Marcel Tomás en la Sala Bicho a finales del mes de mayo de 2014 con aquel torrente de muecas de un hombre incompleto con ramo de flores en la mano, aquella función me dejó tan buen sabor de carcajada que no podía perderme su regreso con el espectáculo “El comediante”.
Antes de entrar en materia les confesaré una cosa, desde que reservé las entradas para la función de ayer sábado 27 de mayo, de nuevo en la Sala Bicho, andaba con una medio sonrisa en los labios porque recordaba todas esas veces que mi padre regresaba a casa después del trabajo y me encontraba en la cocina con una toalla y el escurre pescados colocados en la cabeza mientras recitaba con voz engolada y grandes gestos aquella tonada de Albert Hammond que decía: Échame a mí la culpa de lo que pase, cúbrete la espalda con mi dolor. Mi padre fruncía el gesto y, mientras miraba a mi madre que suspiraba tras la tabla de planchar, sentenciaba: Este zagal es un comediante.
Pero ya ven, una cosa son las expectativas y otra la realidad. Y esa es la dualidad con la que juega Marcel Tomás en El Comediante, con la diferencia que va de los soñado a la cruda de la realidad, de esta manera  el escenario de la Sala Bicho se transformó en cueva de Platón para comprobar que las expectativas casi siempre son un pálido reflejo de la realidad, y es ahí donde aparece el trabajo del comediante que a Marcel Tomás le brota de cada poro de su piel y es capaz de sintetizar en su mirada, en cada uno de sus gestos, desde el mohín hasta el brillante reflejo de sus dientes, porque Marcel sale al escenario y la energía cambia, los iones del aire permutan la polaridad y el público se pone en modo carcajada para subirse a una montaña rusa de risas en la que Toni Escribano ejecuta su papel como el contrapunto perfecto, el frontón que devuelve todas las bolas, el demiurgo que genera nuevas situaciones, el apuntador que reconduce el espectáculo, el que pone el sonido, el que rueda un video clip, el camarero, el tipo imprescindible que aliña todos los delirios que suceden en escena.
Una de las virtudes de la función es demostrar que una de las virtudes del teatro son los breves segundos que van de un oscuro a la luz como ese camino que va de la realidad a la imaginación, de la expectativa del espectador a la dramaturgia. En El Comediante las expectativas culminan en las metas volantes de la risa, la boca abierta y el aplauso que, a modo de gasolina, impulsan las situaciones que transitan por el escenario. El Comediante comienza como una partida de ping pong entre los dos actores en escena, pero poco a poco ese peloteo empieza a buscar los límites de las tablas y saltan al patio de butacas en busca de la complicidad activa del público. Ay! ese maravilloso público del teatro alternativo siempre dispuesto a subir a  las tablas.
Tan solo hay que tener la edad suficiente para que la evocación de tiempos pasados se convierta en el motor de aquella bicicleta fabricada con una pinza y una carta de la baraja. Pero es un baño de nostalgia muy alejado de esos videos ñoños que pueblan la red con recuerdos empañados en musiquitas facilonas, sin embargo las músicas de El Comediante son imperecederas, desde los paseos de un matón en las calles de Nueva York hasta ese mensaje final que es toda una declaración de principios: Hoy puede ser un gran día, tan solo tenemos que sonreír, porque ese es el tesoro de esta función: Cuando el interruptor de las luces de sala de la Sala Bicho nos devolvió al presente, uno sale a la calle Pilar Lorengar con ganas de sonreír y, según los últimos estudios, nueve de cada diez espectadores de teatro recomiendan la asistencia a El Comediante de la compañía Cascai Teatro, recuerden que el consumo de este medicamento no precisa de receta médica, con sacar la entrada en taquilla es suficiente.

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20 mayo 2017

Manipulados y el cordón umbilical





Manipulados es el último montaje de Teatro Pezkao, una compañía zaragozana cuyos objetivos artísticos pasan por un teatro de corte social y de creación propia con intención de activar al espectador que casi siempre es interpelado y con el que suele buscar algún tipo de conexión. En Manipulados eso vuelve a ocurrir cuando el sacerdote al cargo del ritual no tiene reparos en manipular, manosear, sobarlo todo para alterar la verdad, que de eso trata el teatro ¿no? De decirnos desde las tablas que la vida es sueño y que sí, que todos soñamos que estamos en estas prisiones, y pese a todas las cadenas que han apretado nuestro cuerpo, en otros estados más lisonjeros nos vimos. Y esa es la clave de la función: Las cadenas.
Una cadena amarrada al cuello es la más evidente de las manipulaciones porque limita nuestros movimientos y pone en duda nuestra dignidad. Pero la evidencia se puede disfrazar, como se disfrazan los malos actores que engolan el texto para alejarse de la verdad, esa verdad acotada a tu espacio, no salgas de él, es peligroso porque ahí afuera esta la luz que te vigila y te abre el camino hasta que se apaga. A oscuras puedes ser tú, o casi tú, o lo más parecido a ti. Por lo tanto la cadena no es el problema, hay muchos mecanismos para que la manipulación nos llegue al corazón, ahí donde el amor anida, anuda y ata. Manipula tu cuerpo Danone, el teléfono Jazztel y el vendedor de mierdas como “convierte la crisis en una oportunidad”.
Fran Martínez se sube a las tablas para invitarnos a un viaje de reencarnaciones, un ciclo de nacimientos, muertes y renacimientos que muestra un universo gestionado al antojo del actor, que a veces se muestra cercano y otras vuela al mundo del simbolismo que agita manos, mueve pies y disfraza cuerpos. Esos excelentes giros en el registro actoral son los que mantienen alerta al espectador que no se puede fiar del sacerdote que a veces es actor y que nos manipula.
Manipulados, todos manipulados. Es primordial reconocerlo, ser conscientes de nuestra situación, el sacerdote del ritual te lo recuerda: Lo primero fue la palabra que permite expresar el sueño, ¿recuerdas que la vida es sueño y todos sueñan lo que son?,  lo importante es reconocerte en el sueño, ser parte de él para interiorizar el ritual que el sacerdote está ejecutando en el escenario, su misión es lograr que el sacrifico sea interno, tan suyo como del espectador: El objetivo es comprender que todos nosotros somos parte integrante de la manipulación, esa revelación es la esencia del Karma que se producirá cuando el espectador asuma que cada acción del sacerdote tiene su consecuencia, merece una retribución y determina las reencarnaciones que se van sucediendo en la representación hasta comprender que todos nosotros: El sacerdote que dirigir el ritual, los espectadores que somos un panteón politeísta o el técnico que sueña con ser Lenny Kravitz, todos y cada uno de nosotros habitamos en la cárcel de unas vidas manipuladas y para liberarnos tenemos que comprender el absoluto: La manipulación se romperá cuando empecemos a ser nosotros mismos, bueno; casi todo lo que te gustaría ser de ti mismo… si eres capaz de arrancar el cordón umbilical que nos une al mundo:




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08 mayo 2017

Fran Martínez en la peluquería


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12 marzo 2017

Jesús Aparicio En La Peluquería

Jesús etuvo En La Peluqería para hablarnos de tecnopop, bandas sonoras, boleros y unas cuantas cosas más ;-)

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